El lenguaje inclusivo: el reto del siglo XXI

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por Rainbow Translations

«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad», decía Yoda en La guerra de las galaxias, y algo parecido sucede también a la hora de comunicarnos, ya sea por escrito o de forma oral.

El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que influye en nuestra percepción de la realidad; por ello, son muchos los factores que condicionan –entre otros– nuestra manera de expresarnos, las palabras que utilizamos y –aquí viene el quid de la cuestión– la forma de dirigirnos a alguien. Además, esto puede variar tantas veces como lo hagan las realidades que los hablantes nombramos.

Los cambios sociales de las últimas décadas hacen que determinadas voces y expresiones no resulten precisas, sean ambiguas o, incluso, discriminatorias, asuntos que dificultan enormemente la buena comunicación y comprensión de nuestros escritos. Por ello, vamos a examinar qué es el lenguaje no sexista y cómo podemos aplicarlo en nuestras comunicaciones.

El español, como la mayoría de las lenguas, ofrece distintos géneros gramaticales, que no tienen por qué corresponderse con el sexo biológico de las realidades nombradas. En nuestro caso concreto tenemos dos: el masculino y el femenino (del género neutro latino solo conservamos algunos restos en lo y eso, que en español están agrupados en el género masculino), con distintos morfemas para cada uno. Como curiosidad, cabe destacar que no todas las lenguas distinguen entre género masculino y género femenino. Otras, como el neerlandés, distinguen entre masculino y neutro; entre el masculino, femenino y neutro, como el alemán; o, como el dyirbal –quizá uno de los más curiosos–, que clasifica los sustantivos en cuatro clases: objetos animados y hombres; mujeres, agua, fuego y violencia; frutas y verduras comestibles; y todo lo demás.

En el caso de nuestro idioma, si deseamos referirnos a un colectivo formado por hombres y mujeres, podemos hacerlo de distintas formas:

  • Usando el masculino como género no marcado. El género masculino es el que la Gramática académica indica que se utiliza para aludir a un grupo compuesto por personas de ambos sexos, independientemente de la mayoría de individuos de cada sexo: «Ellos están contentos».
  • Realizando desdoblamientos; es decir, usando tanto los términos de género masculino como los de género femenino: «Los camareros y camareras», por ejemplo.

Sin embargo, estas opciones pueden plantear algunos problemas. En el caso del masculino como género no marcado, en determinadas palabras, como hombre, puede resultar impreciso, pues podría interpretarse como ‘conjunto de personas’ o como ‘varón’ (y este problema se acentúa cuando el contexto no permite desambiguar); y en el caso del desdoblamiento, suele considerarse una opción que muchas veces resulta innecesaria y artificiosa, desde el punto de vista lingüístico, como sucede en «Los niños y las niñas rubios y rubias podrán ir acompañados y acompañadas…» o en documentos oficiales como la constitución venezolana (sección segunda, artículo 39 y ss.).

Una manera de solventar los posibles problemas tanto del masculino como género no marcado como del desdoblamiento es utilizando voces no sexistas o inclusivas, pues disponemos de muchas palabras y expresiones que sirven para referirnos a ambos géneros.

El Diccionario de la lengua española indica que sexista se utiliza para aludir a lo ‘perteneciente a la discriminación de las personas por razón de sexo’. Por lo tanto, podemos decir que el lenguaje inclusivo o no sexista pretende poner de manifiesto en los textos la presencia de géneros o colectivos que, tradicionalmente, han sido relegados a un segundo lugar sin violentar las normas gramaticales y sin que se produzca ambigüedad en el mensaje. Y utilizar este tipo de lenguaje produce distintos beneficios. Algunos de ellos son, entre otros: permite visibilizar a las mujeres y determinados colectivos, rompiendo con estereotipos y prejuicios sexistas, y es perfectamente compatible el uso de las normas gramaticales y estilísticas con el uso no sexista de la lengua.

Algunas fórmulas para usar el lenguaje no sexista o inclusivo son las siguientes:

  • Utilizar sustantivos genéricos o colectivos: «La plantilla de la empresa», mejor que «Los trabajadores de la empresa».
  • Uso de términos abstractos o perífrasis: «El pueblo gallego», mejor que «Los gallegos».
  • El uso de determinantes, adverbios y pronombres sin marca de género: «Cuando se solicite la devolución de la fianza…», mejor que «Cuando el inquilino solicite la devolución de la fianza…»; «Al levantarse», mejor que «Cuando uno se levanta», o «Minoría», mejor que «Pocos».
  • Uso de construcciones metonímicas: «La dirección», mejor que «los directores».
  • Utilización de formas no personales de los verbos: «Es necesario prestar más atención», mejor que «Es necesario que todos presten más atención».
  • Prescindir de términos ambiguos: «Gente de negocios», mejor que «Hombres y mujeres de negocios».

Sin duda, el lenguaje inclusivo aporta muchísimas ventajas a los escritos de quienes lo utilizan, además de permitir que los cambios sociales también se reflejen en la lengua. Por ello, solo nos queda decirte una cosa: «Que el lenguaje inclusivo te acompañe».

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